Hay cosas en esta vida a las que no les damos la importancia que verdaderamente tienen. No nos paramos a pensar en ellas, no hacemos reflexión y las dejamos estar así como estén, sin conocer el alcance de su perjuicio.
¿Os habéis parado a reflexionar alguna vez acerca de los títulos de la vida? Me refiero a los títulos que ostentamos y que nos unen y relacionan con el resto de personas que nos rodea.
Todos llegamos a esta vida siendo portadores de un título, quizá el principal, el título de "Hijo/a".
Nadie ha podido ni podrá saltarse este título, porque sea como fuere, siempre seremos el hijo o la hija de alguien, desde el primer instante en el que estamos en este mundo.
El título de hijo/a es el primero que nos regala la vida. Es de vital importancia. Es tan fundamental, que dependiendo de como aprendamos a usarlo, marcará todo nuestro camino.
A partir de este título vienen muchos otros. Todos y cada uno de ellos, también de vital importancia, no sólo para nosotros mismos sino también para el resto del mundo.
En ocasiones, el título de otras personas se ve truncado por la forma en que ejercemos los nuestros.
Hay que saber muy bien dónde nos estamos metiendo cuando decidimos hacer nuestro un título. Hay que conocer cada una de las características, cada una de las posibilidades y la forma en la que debemos actuar cuando nos lo agenciamos. Pero sobretodo hay que ser consecuente con ello y tenerle respeto.
No nos podemos conformar con decir yo soy tío/a de..., padre de..., marido o mujer de...., amigo/a de... Debemos actuar como tal, cumpliendo con lo que se espera de nosotros y entendiendo que, todo lo que hagamos mal o todo lo que dejemos de hacer bajo la responsabilidad de cualquier título, afectará a los demás personas.
En muchas ocasiones, las consecuencias de nuestro malhacer, de nuestra forma de ejecutar y proceder, provoca unos trastornos en las demás personas sumiéndolas en estados emocionales tales como tristeza, malestar, frustración e incluso depresión... Y siguiendo la misma línea, les llevamos a la imposibilidad de poder ejercer sus propios títulos.
Ahora que lees estas líneas, párate a pensar en todos los títulos que tienes, en todo los "yo" que eres, el yo hijo/a, el yo padre/madre, el yo hermano/a, ect. Piensa y valora cómo actúas bajo cada uno de esos ellos y reflexiona si estás cumpliendo con el objetivo que tienen en común; SI ESTÁS HACIENDO FELIZ A LOS DEMÁS Y PERMITIENDO QUE SEAN FIELES A SUS TÍTULOS.
Los títulos de la vida están para hacernos más felices y para ser mejores personas. Por ello, "Se padre, madre, hermano/a, hijo/a, novio/a, amigo/a, primo/a, tio/a, abuelo/a, vecino/a, jefe/a... se cada uno de ellos como te gustaría que fuesen contigo".
Hagamos entre todos, con un granito de nuestra propia esencia, un mundo mejor.
Orgav.
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