Mi rincón creativo.

Bienvenido a mi blog llamado: "Mi libro en blanco".
Me presento, mi nombre es Verónica Orozco García, aunque también me puedes conocer bajo el seudónimo Orgav. Soy amante de todo lo creativo: fotografías, ilustraciones, manualidades... Así como la escritura. Me apasiona moldear las palabras junto con los sentimientos para crear historias, eso sí, para todo tipo de lectores, pues me considero una escritura versátil.. Digamos que soy de ese tipo de personas que sueñan despiertas.
Aquí, en mi rincón, podrás encontrar una muestra de todo ello, espero lo disfrutes. Saludos.

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miércoles, 2 de enero de 2013

Un adiós bajo la toalla



- ¡Adiós Manolo!
- ¡Ey Antonio!
- ¡Qué bien te veo! ¡Tienes buena compañía!
- Si, mira, aquí con mi amigo Pepe. De comprar alpiste venimos.
- Bueno Manolo, me alegro verte, que sigas igual de bien.
- Venga Antonio, nos vemos.

Aquella mañana Manolo estaba muy silencioso. Durante el camino de regreso a casa no medió palabra, era raro en él, siempre tenía algún tema que tratar, algo que debatir... pero esta mañana no dijo ni media palabra.
Pronto llegamos a casa. Yo me quedé en el jardín trasero tomando el sol. Las mañanas de Julio son muy agradables, el sol calienta pero no aprieta hasta que llegan las 11 de la mañana. Pensé que Manolo se quedaría conmigo un rato como hacía cada mañana, pero hoy no ha sido así. De vez en cuando le llamo esperando alguna respuesta pero nada. Algo me alerta un poco más del estado de Manolo. La bolsa de alpiste la ha dejado encima de la mesa, ¡qué extraño! Manolo es un hombre de costumbres fijas, no hay quien le cambie el paso. Todas las mañanas al levantarse lo primero que hace es lavarse las manos y la cara, peinarse e ir a servir el alpiste en los comederos y asegurarse de que el bebedero tiene agua, después comienza su ritual de vida.
Me dispongo a llamarle nuevamente cuando al instante lo veo aparecer por la puerta.

- Hola Manolo, me tienes preocupado, te he llamado varias veces...

Pero Manolo no contesta. Viene cabizbajo, con la cabeza gacha. Trae su ropa de andar por casa, unas bermudas grises gastadas y una camiseta interior blanca sin mangas. Viene con paso lento, arrastrando las zapatillas. Trae consigo una fotografía en las manos, es Cristina su difunta mujer.
Ha estado llorando.

- Cristina, ¡qué sólo me has dejado!

Cristina hace un años que murió, estaba muy enferma , tenía cáncer y un día su cuerpo no pudo soportarlo más, sus órganos dejaron de funcionar en cadena. Manolo se había dedicado a ella en cuerpo y alma. Las veinticuatro horas del día eran para ella. Había sido su manos y sus piernas. Él jamás se quejó. Pero desde que ella se fue los días eran largos sin tener mucho que hacer.

- ¡No estás sólo Manolo! Me tienes a mi, somos amigos desde hace mucho tiempo.- le digo con la intención de animarle.

Manolo levanta por un instante la mirada y la dirige hacia mí, me ha escuchado...

- Si, ya lo sé Pepe, sé que tu estás aquí... ¡Pero Cristina era mi amor... y ahora...!

Manolo se derrumba en lágrimas agarrando la foto de Cristina. Es triste ver a un hombre llorar de ese modo, en realidad es triste ver llorar a cualquier persona así, llorar por amor, llorar por dolor en el corazón... La verdad es que he visto llorar muchas veces a Manolo, hemos compartidos muchos momentos de pena pero hoy le notaba diferente.

- Pepe, ¡si tu la hubieras conocido! ¡Era la mujer más guapa del mundo! ¡Dulce como la miel, tierna... era toda bondad!- comenta entre lágrimas- ¡pero yo estaba tan cansado...! ya no podía más, todos los días tirando de ella, todos los días haciendo todo lo que me dijese, llevándola de un lado a otro... ¡y las noches! ¡No pude evitar el desear que se fuese! ¡Estaba agotado!- llora amargamente mientras se levanta y se vuelve a marchar.

Esta conversación la hemos tenido en varias ocasiones, yo siempre le digo lo mismo, que estoy aquí, a su lado, que no le voy a dejar, que no está solo. He intentado por todos los medios animarle, siempre dentro de mis posibilidades, pero hoy Manolo no está como otras veces, hoy no me escucha.

La mañana avanza y el sol aprieta, deben de ser las once. Hace rato que Manolo no aparece por el jardín. Me percato que la bolsa de alpiste sigue aun encima de la mesa y que empieza a hacer demasiado calor.

- ¡Manolo! ¡Manoloooo!- le llamo- ¡Mano...!

En ese instante aparece por el marco de la puerta, trae sobre su hombro derecho una toalla grande de color marrón y en la mano derecha una gran cuerda blanca. Tiene el semblante serio. Deja la cuerda en la mesa y coge la toalla entre sus dos manos, la abre y la sacude y la extiende sobre la jaula.

- Hace mucho calor Pepe, es mejor que te protejas del sol.

Ahora está todo oscuro. Un pequeño rayo de sol entra por un agujero de la toalla. Acierto a encajar mi ojo con el agujero y vuelvo a tener visión del jardín. Me maravilla el verdor de las plantas, el cantar de los pájaros, el blanco de las paredes cuando les da el sol directamente. Estoy inmerso en tal belleza. De pronto escucho un quejido y un gran golpe. Hago un barrido con mi ojo para ver si acierto a ver que ha sido pero no veo nada. Vuelvo mi mirada al punto de origen y allí lo veo. Es Manolo, mi viejo amigo.

- ¡Manolo! ¡Manolo...!

Manolo no contesta. Tiene la cara morada, los ojos saltados y la cuerda blanca alrededor de su cuello. Por unas horas no entiendo que es lo que ocurre ¿qué está haciendo Manolo? Le observo y veo que no se mueve, que el gesto de su cara no cambia, no me habla, no respira... Un instante después me doy cuenta... ¡Manolo me ha dejado! Y sus últimas palabras fueron la forma más cobarde de decirme adiós.

Por Orgav (Todos los derechos reservados)